Apulia: El tacón de la bota

Es fácil encontrar a Apulia en el mapa: es el tacón de la bota italiana, ese extremo sureño que mira a oriente y se baña por el Adriático y el Jónico, esos mares mediterráneos exóticos y remotos. Ahí enfrente están Grecia y Albania, adonde se llega ahora en los transbordadores que salen de Bari y Brindisi.

©Leonardo Dangelo

©Leonardo Dangelo

Apulia ha sido, siempre, tierra de paso y por aquí entraron y salieron todos los conquistadores que han circulado a lo largo de los siglos. El resultado es una Italia muy diferente del resto, muy diferente de Milán y Roma en estilo de vida y, sobre todo, de gastronomía. Su nombre es luz, tranquilidad y buena vida.

Bari es ya como uno de esos puertos del Levante, similar a las lejanas Alejandría, Esmirna o Tesalónica. Por eso no extraña saber que san Nicolás de Bari, santo famoso donde los haya e inspirador de Santa Claus o Papá Noel, en realidad vivió en la actual Turquía, y de Bari sólo tiene que aquí se conservan sus reliquias, robadas hace mil años por los bariotas. Hay que pasear por sus callejuelas hasta llegar a la basílica de San Nicolás y recordar la historia.

Desde Bari hay que salir hacia el norte, hacia el promontorio de Gargano, que no es otra cosa que la espuela que sobresale de la bota italiana, una zona sorprendentemente verde y donde se respira un aire que más parece de Croacia, que se encuentra justo enfrente.

©Paolo_Petrignani

©Paolo_Petrignani

Muy diferente es lo que aparece yendo hacia el sur. Alberobello ofrece al visitante los trulli, unas curiosas construcciones con base cuadrada o redonda y tejados cónicos formados por piedras planas colocadas unas sobre otras sin ningún tipo de argamasa. Cualquiera diría que forman parte del decorado de una película fantástica o de un cuento infantil. La Unesco dice que son patrimonio de la humanidad porque ésta es una técnica milenaria de construcción. Muy cerca Locorotondo, es un pueblo blanco de calles concéntricas que corona una colina. Para muchos es uno de los pueblos más bonitos de Italia.

El camino sigue hacia el sur, más allá de Brindisi, hacia Lecce, uno de esos tesoros barrocos que aparecen donde menos se espera. La piedra arenisca local se talla bien y ha dado lugar a decenas de iglesias y palacios con una exuberancia decorativa sin igual, incluidos muchos detalles insólitos.

©Franco Cappellari

©Franco Cappellari

Si se está en el tacón de la bota italiana hay que llegar hasta el último remache, a Santa Maria di Leuca, lugar de peregrinaje de todos los que quieren llegar a cualquier fin del mundo.


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