Azúcar, amor y pasión: La repostería italiana.

La gastronomía es una de las señas de identidad de cualquier pueblo. Cómo elaboran sus platos preferidos, los rituales que acompañan a las comidas, todo nos habla de la idiosincrasia de una sociedad. La globalización y el poco tiempo disponible en el día a día es el enemigo de la cultura de la buena mesa aunque Sicilia mantiene un buen nivel en esta guerra contra la homogeneidad y la banalidad que invade la cocina. Cualquier trattoria y cualquier mamma siciliana resisten y mantienen la esencia de los viejos buenos tiempos.

El reducto de la cocina de siempre, lo que mejor nos permite adentrarnos en los ritos y las costumbres que se desarrollan a lo largo del año, siempre está en los dulces y los postres. Y Sicilia no es una excepción. Las celebraciones religiosas concretas son la ocasión para que aparezcan determinados dulces en determinadas ocasiones. Muchas de las recetas de los postres se han mantenido en los conventos de clausura, por lo que uno no anda muy desencaminado si los consideramos manjar de dioses.

minni di Sant’Aita

Tetitas de santa Ágata

Hay ocasiones en que los santos entran directamente en la denominación de los dulces. Ahí están las minni di sant’Aita, es decir, las tetitas de santa Ágata, un curioso y sabroso homenaje al martirio de la patrona de Catania. No hay que olvidarse tampoco de la cuccìa de Santa Lucía. Los crespelle di riso, una fritura de arroz dulce, eran típicos de la festividad de san José, igual que los sfinci di San Giuseppe. Por otro lado están los pupi di zucchero, los muñecos de azúcar que hacen las delicias de los niños el Día de Difuntos, igual que el torrone di mandorla.

Torrone di mandorla

Torrone di mandorla

Mención especial merece la frutta di Martorana, una especie de mazapán que se trabaja para darle forma de fruta, que luego es pintado hasta que parece una pieza de la fruta más deseada.

Cassata

Cassata

En cualquier caso, el dulce más famoso de Sicilia, además de los cannoli, es la cassata. Es una tarta formada por dos discos de bizcocho con un relleno de requesón y los añadidos que quiera cada uno. Todo aparece recubierto por un glaseado y adornado con frutas escarchadas. Se dice que nació en Palermo en la época de la dominación musulmana pero que caló tan hondo en el gusto local que se ha mantenido a través de los siglos, gracias sobre todo a las monjas de clausura, que son las mejores reposteras de la isla.


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