Cantuccini: Una tendencia de siempre

Ya sea en el desayuno, como tentempié a media mañana, de postre de una buena comida o en una merienda, no hay nada como algo dulce. Alegra la vida y da energía para seguir con el día.

En la Toscana, como en toda Italia, los dulces son ese toque que culmina cualquier asunto. ¿Cabe imaginar qué sería de las reuniones familiares sin algo dulce? Y ya se sabe que, en Italia, la familia es la familia. Entre los muchos dulces toscanos los más famosos son los biscotti di Prato, también conocidos como cantuccini.

Cantuccini con vin santo

Los cantuccini son bizcochos secos rellenos de almendra. Después de una primera cocción se cortan en rodajas de aproximadamente un centímetro de grosor y se vuelven a meter al horno para una segunda cocción, de unos pocos minutos. Es el momento de recordar que la palabra biscotto no significa otra cosa que “cocido dos veces”, y que ha llegado a otros idiomas como bizcocho o biscuit.

Se sabe de la existencia de bizcochos similares a los cantuccini desde la época de Catalina de Medici y se atribuye su fama a los maestros reposteros de Pisa de ese tiempo. Sin embargo, los cantuccini que conocemos en la actualidad son sobre todo la obra de Antonio Mattei. En 1858 abrió en Prato (la segunda ciudad más importante de Toscana) un horno en el que cocía y vendía dulces de todas clases. Decidió retomar la receta clásica y actualizar el bizcocho duro hasta conseguir la receta ahora clásica de los cantuccini. El nombre de biscotti di Prato hace referencia a este origen.

©alacarta.es

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Antonio Mattei tuvo un éxito espectacular con estos productos y todavía hoy es la marca de referencia de la repostería toscana. Su triunfo se debió a conseguir un dulce de primera calidad y a saber venderlo. Fue uno de los primeros en crear un envoltorio específico para sus creaciones, de manera que cualquier cliente que salía de su pastelería se convertía en un anuncio andante por las calles. En la actualidad no hay imagen más tradicional, sobre todo en un domingo o en días festivos, que un viandante llevando una bolsa azul —de un azul único— de cantuccini de Mattei.

©Tomdouglas.com

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Los cantuccini no se comen de cualquier manera. La ortodoxia impone que se degusten con una copita de vinsanto. Sobre este vino y su nombre corren muchas leyendas, como que se consideraba milagroso y curaba todos los males hasta que era el vino que usaban los curas en la misa.

La tradición dice que hay remojar el cantucco en el vino para reblandecerlo y acentuar más si cabe su sabor. El escritor alemán Herman Hesse, premio nobel de literatura y amante de la cultura italiana, refleja en sus Diarios esa pequeña ceremonia de tomar unos cantuccini con vinsanto, afirmando que siempre le ponía de buen humor. Es el modo más sencillo de conseguir un estado parecido a la felicidad.

Gran invento para disfrutar en cualquier momento!


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