Cerdeña: el reclamo perfecto

Todos queremos viajar a Cerdeña, todos. Da igual que seamos buscadores de lo salvaje, esos que van tras la pista de los últimos lugares intactos del Mediterráneo, o formemos parte de la jet set y nuestro objetivo sea disfrutar de una villa al borde del mar, navegar en yate y disfrutar de las cálidas noches en fiestas que parecen no tener fin. Su ubicación, en la parte occidental de Italia, hace de esta isla la escapada perfecta.

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Cerdeña: Hotel Velasole

Cerdeña tiene esas dos caras, y muchas más. Es la segunda isla más extensa del Mediterráneo y aquí hay sitio para todo y para todos. Algunos dicen que es como un pequeño continente en el que se concentra toda la diversidad de paisajes del Mare Nostrum. Poder disfrutar de un plato de culurjioni, una especie de raviolis cuadrados, frente al mar o de malloreddus, también conocidos como gnochetti sardo, en alguna de los restaurantes de Cagliari siempre es una delicia.

Aquí hay montañas cubiertas de bosques, y algunos tramos de carretera que se adentran en ellos – como el de la SS125 –, considerados entre los más bellos de Europa, con las laderas surgiendo directamente del mar azul. Los más andarines caminan por desfiladeros espectaculares como el Gola su Gorropu, que parecen inventados por un creador de decorados cinematográficos.

Como cualquier isla mediterránea, Cerdeña es un libro de historia y el viajero con un mínimo de sensibilidad debería ir en busca de los tesoros dejados por el paso de los siglos. Hay que conocer los nuraghes, unas extrañas torres megalíticas que fueron construidas entre 1.500 y 3.500 antes de nuestra era y recuerdan el misterio de antiguas civilizaciones. El conjunto de Su Nuraxi es el más importante y está declarado patrimonio de la humanidad.

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©Marras Fabio

La gastronomía es uno de sus grandes reclamos. Sus quesos, sus vinos y una repostería un tanto anacrónica, lo convierten en un lugar de referencia para los que buscan sabores distintos. Aquí vamos a disfrutar de la belleza de lo primitivo. Harina, almendra, leche y vino como referente ejemplar de la cultura Slow Food italiana. Sin prisas pero con calidad.

Será difícil escapar al encanto de las ciudades, a callejear por las calles repletas de historia de la zona de Il Castelo en Cagliari y luego descubrir esas iglesias y jardines que aparecen a la vuelta de cualquier esquina. El centro histórico de Alghero, donde se perciben todavía las huellas de los siglos en que Cerdeña perteneció a la corona de Aragón, es otro laberinto mágico del que no se desea salir.

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Alghero ©Regione Autonoma della Sardegna

Y por supuesto, siempre están las playas, con esas aguas de color imposible que creíamos que sólo se daba en el Caribe o en los Mares del Sur y donde se disfruta de la vida entre baños y comidas al borde del mar. Aquí se impone un detalle fundamental para no equivocarse: la Costa Verde está en el lado occidental y las playas aparecen tras grandes dunas; la Costa Smeralda está en el lado oriental y, con su nombre de piedra preciosa, es el refugio de los millonarios y sus yates espectaculares. Pero a pesar de la aparente frivolidad de algunos, sigue siendo uno de los paisajes más atractivos de Cerdeña y, por tanto, de Europa.

Costa Smeralda ©Alberto Maisto

Costa Smeralda ©Alberto Maisto


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