Descubriendo las enotecas

Viajar enseña a beber.

Ningún viaje por Italia, y mucho menos si nos interesa la gastronomía, estará completo si no visitamos una, o varias, enotecas. Una enoteca es, según su etimología griega, un “almacén de vino”. Pero no es una bodega, aunque sí lo es en parte. Tampoco es un bar en el que toda su oferta gire alrededor del vino, aunque también lo es un poco. Y por supuesto, una enoteca es un lugar para encontrarse con gente y disfrutar de la vida cotidiana de las ciudades.

Enoteca

Enoteca

La enoteca es el medio que encontraron los pequeños productores vinícolas italianos para poder mostrar sus productos. La alternativa, muy poco práctica, era que los visitantes de una región fueran en peregrinación de bodega en bodega para probar sus especialidades, lo que además obligaría a los bodegueros a tener un espacio y unas personas dedicadas a ello.

Mucho mejor es que un turista interesado en el tema llegue a una localidad y busque, normalmente en una zona céntrica, la enoteca. Allí podrá conocer, de una vez, las posibilidades que ofrece una comarca mediante una cata específica según sus intereses. Y, por supuesto, comprar alguna botella del que más le haya gustado.

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Los precios de las catas son muy razonables, y el precio de una copa suele ser el equivalente a una sexta parte del de la botella, de manera que probar diferentes vinos no sale más caro que pedir una botella para varios.

Tanta cata sin comida no es buena, así que muchas enotecas ofrecen algo de comer. Probablemente la oferta no sea muy variada pero tiene la ventaja de que, normalmente, se trata de productos locales, con lo que la experiencia acaba siendo bastante más completa de lo que uno se podía imaginar. Así uno acaba descubriendo embutidos o quesos que no sabía ni que existían.

Hay enotecas de todo tipo, grandes y pequeñas, tranquilas o bulliciosas, en pueblos pequeños o en el centro de las ciudades más turísticas. Si la oferta gastronómica es un poco consistente se convierte en los lugares favoritos de estudiantes y trabajadores, sobre todo a la hora de la comida.

Otras veces será incluso difícil distinguir una enoteca de un restaurante cualquiera, con su menú y sus mesas en la calle. Se dan casos en que se ofrecen hasta vinos franceses, una herejía para los puristas. En cualquier caso, siempre deberían, para ser consideradas verdaderas enotecas, ofrecer la posibilidad de catar diferentes vinos locales con la debida explicación para que el forastero descubra los secretos de los vinicultores de la comarca.

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