Mozzarella Bar…

Tan blanco como original.

Bares y restaurantes hay millones en el mundo. Algunos se especializan en algo – los espacios temáticos –, pero aún así es difícil ser original y de cualquier “tema” hay miles y miles repartidos por todas partes. Hasta que llegó Silvio Ursini, que creó en 2004, en Roma, el primer “Mozzarella Bar” del mundo.

Obicà Mozzarella Bar Piazza Firenze Roma

Obicà Mozzarella Bar Piazza Firenze Roma

La idea, en principio, parece sencilla: crear un local donde la base de la comida sea el queso mozzarella fresco, al que se puede acompañar de algunos otros productos. Todo debía prepararse a la vista, para crear una idea de inmediatez y frescura, y aquí tomó la idea de los restaurantes especializados en sushi. Como buen napolitano, sólo le pudo poner un nombre: Obicà , una palabra que en su patria chica significa algo así como “aquí está” o “así es”. Es lo que se dice para expresar que algo está pasando delante de ti.

Uno de los retos fundamentales de una idea semejante, y tal vez la razón por la que nunca nadie se había atrevido a plantearse algo semejante, es que la mozzarella buena es la fresca, que sólo se puede consumir en 24 horas, y que la mozzarella auténtica, la de leche de búfala, es muy escasa. Dos inconvenientes para los empresarios que no se atreven con los verdaderos retos.

Obica Mozzarella Bar Piazza Firenze Roma

Obica Mozzarella Bar Piazza Firenze Roma

El primer local Obicà se abrió en la Piazza Firenze de Roma, pero pronto abrieron dos más. Ante una idea buena los clientes reaccionaron pidiendo más, y ahora también hay “Mozzarella bares” en Milán, Florencia y Palermo, además de Reino Unido, Estados Unidos, Japón y Dubái.

La idea es presentar siempre los productos italianos más frescos por lo que el menú cambia continuamente, adaptándose a los productos del momento. Así se puede pedir un plato de mozzarella, pero la idea es tomarla con otros productos especiales. En Obicà tienen unos proveedores muy seleccionados que les proporcionan lo más escogido del momento, sean berenjenas, mortadela o pescados. Ofrecer una fritura de flores de calabacín, anchoas y mozzarella es un reto más complicado de lo que parece a primera vista pero que nadie que prueba se resiste a comer en algún otro momento.

Un repaso a la carta de Obicà es un viaje por toda Italia en busca de las delicias de los pequeños productores: tomate biológico de La Motticella, vinagre aggazzotti, bresaola de Fassona, jamón de San Daniele… Y entre los vinos que ofrecen están los clásicos reconocidos de siempre con algunas sorpresas que, a buen seguro, habrá que tener en cuenta en el futuro.

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