Procida – la isla de los mil sabores

El dulce placer de comer bien.

Procida siempre sorprende. Es la hermana menor de las islas del golfo de Nápoles. Aunque es la menos conocida, está llena de encanto. Un cierto aislamiento y su clima permiten que los visitantes se sientan en el paraíso. Su gastronomía tiene un punto anacrónico, pero siempre sorprende.

 

La ventaja de este pequeño paraíso es que a los buenos paladares no les será muy difícil encontrar buenos sitios donde saborear la gastronomía procidana. Para empezar, se sabe que aunque es la más piccola, los habitantes tienen una afición por los limones de lo más interesante. El limón forma parte de gran parte de platos y postres de las cocinas procidanas.

La ensalada de limón, por ejemplo, es el mejor ejemplo. Sazonada con ajo, aceite de oliva, guindilla y menta. Una explosión de sabores cítricos que encantan. Sin embargo, la gastronomía de la isla de Procida es todo un manjar. Lo vemos en una de sus especialidades: el conejo. Junto a tres  simples ingredientes se convierte es uno de los platos con más esencia italiana que se pueda probar. Un poco de ajo, tomate y vino blanco.

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Claramente, existen diferentes formas de preparación para el conejo. Se conoce otra receta, más habitual en la isla vecina de Ischia, donde el conejo va acompañado de patatas y aceitunas. Sólo es una alternativa, imposible remplazar la receta original. Se puede comer como plato principal porque es una comida para todas las estaciones. El romero, las aceitunas, las patatas que absorben el sabor del conejo, el aceite de oliva y el vino blanco son los ingredientes que hacen que este plato sea maravilloso.

Los spaghettis de La Conchiglia a lo pobre con pimiento y anchoa o los raviolis rellenos de berenjena y provola del Restaurante Scarabeo marcan la diferencia y el sabor queda en la mochila.

Por algo el recuerdo de Prócida se queda en la mochila. Ha sido la casa de grandes literatos que encontraron en esta pequeña isla un hogar de descanso para el cuerpo y el espíritu. Elsa Morante lo refleja muy bien en La isla de Arturo de 1957 donde escribe sobre las gentes y los paisajes de Procida.

Limoncello_Ischia

“Quella che tu credevi un piccolo punto della terra/ fu tutto” decía Elsa Morante. (Lo que tú crees un pequeño punto de la tierra/ fue todo). Y es que, esta isla también es conocida por su Limoncello ya que siendo la hermana pequeña de las islas tiene la virtud de ofrecer jugosos limones. Su olor es inconfundible. Así que, terminar una buena comida con un sabroso limoncello es ideal para salir a disfrutar de la Piazza dei Martiri con la iglesia de la Madonna delle Grazie y deleitarse con su belleza arquitectónica.

Pero si quiere terminar un buen día en Procida, después de haber probado el ritual gastronómico que se propone Hay que probar el buen vino que se cosecha en estas tierras. Primero, es utilizado como ingrediente (en muchas ocasiones) para los platos típicos. Segundo, hay que beberse una copa de vino en la Via Marina Corricella que, gracias a sus restaurantes podrá probar algo más que el vino y verá la estampa clásica que identifica a la isla. Las clásicas casas de los pescadores llena de colores y colores que se alternan unos a otros. Se dice que, en aquella época, se pintaban así para que el pescador que llegaba del mar pudiese reconocer su casa y de esa forma crecería su felicidad antes de pisar la tierra. Otra excusa para volver!

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